CIUDAD DE MÉXICO.- A la mitad del periodo para el que fue nombrada, Luisa Alcalde concluye su gestión como presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena. Su salida se da en un momento crítico, marcado por un tropiezo en la única elección que lideró, una ola de reclamos internos y una relación visiblemente tensa con los partidos aliados, perfilando un escenario complejo para el partido gobernante.
Revés electoral y polémica interna
La gestión de Alcalde, que no completará el periodo para el que fue designada, queda marcada por un resultado adverso en la única contienda electoral que encabezó. Este traspié ha sido el detonante de una serie de críticas y reclamos que resuenan con fuerza al interior del partido, evidenciando fracturas que antes no eran tan visibles. La polémica se intensifica con las acusaciones sobre «destapes adelantados» de candidatos, una práctica que ha generado inconformidad y ha sido señalada como una fuente de división interna.
Alianzas en punto crítico
El panorama se complica aún más al observar la relación con los socios estratégicos de Morena. La dirigencia de Alcalde deja una notable tensión con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Lejos de ser un asunto menor, esta falta de sintonía se tradujo en obstáculos concretos en la arena legislativa, donde la aprobación de iniciativas clave para el gobierno se vio seriamente complicada. Este desgaste en la coalición es una de las herencias más preocupantes que recibe la nueva dirigencia.
Con la salida de Luisa Alcalde, Morena se enfrenta al desafío inmediato de restaurar la confianza y la unidad. La tarea no es sencilla: se requiere calmar las aguas internas y, de manera crucial, reconstruir los puentes de comunicación y cooperación con el PT y el PVEM. La solidez de estas alianzas será una pieza clave y determinante para el partido gobernante en su ruta hacia los importantes compromisos electorales del 2027.


