XOCHIMILCO, CDMX.- En los canales que dan vida al sur de la capital, José Luis Pérez mantiene a flote una tradición familiar de más de medio siglo: la construcción artesanal de trajineras. Con orgullo y dedicación, sigue los pasos de su padre, Don Manuel, asegurando que el alma y el vibrante colorido de Xochimilco no se pierdan en el tiempo.
Un arte que navega entre generaciones
El taller de la familia Pérez, ubicado cerca del embarcadero Nativitas, es uno de los pocos que todavía fabrican estas emblemáticas embarcaciones desde cero. Utilizando maderas resistentes como el oyamel y el pino, y aplicando técnicas heredadas que rechazan los procesos industriales, cada trajinera puede tardar varios meses en completarse. «No es solo armar tablas, es darle vida a la madera para que baile en el agua», comenta José Luis.
Los desafíos de mantener viva la tradición
A pesar de la belleza del oficio, la familia enfrenta retos importantes que amenazan su porvenir. El constante aumento en el costo de los materiales y la competencia con opciones de entretenimiento más modernas ponen en riesgo la continuidad de estos talleres. La lucha es diaria para que la tradición no se convierta en una simple pieza de museo, sino que siga siendo una fuente de trabajo y cultura viva para la comunidad.
«Es un orgullo»: El motor de la herencia
Para José Luis, cada golpe de martillo es un homenaje directo a su padre, quien le enseñó todos los secretos del oficio desde niño. «Es un orgullo mantener el legado de mi padre. Él amaba estos canales y yo siento la responsabilidad de que sus trajineras sigan navegando», expresa con evidente emoción. Su trabajo no solo preserva una herencia familiar, sino un símbolo icónico de la Ciudad de México reconocido a nivel mundial.
Actualmente, José Luis Pérez se encuentra finalizando una nueva trajinera que será bautizada como «El Recuerdo de Manuel». Su labor es un recordatorio constante de la importancia de apoyar a los artesanos locales para que las tradiciones que dan identidad a México, como los paseos en Xochimilco, continúen maravillando a futuras generaciones de visitantes nacionales y extranjeros.


