CIUDAD DE MÉXICO.- La filmación del nuevo thriller mexicano «El diablo fuma y a veces reza» ha convertido los pasillos y salones de una primaria en la colonia Doctores en un auténtico set de cine. En una movida inusual, la producción, dirigida por José Luis Isoard y Leopoldo Laborde, ha incluido a los propios alumnos de la escuela como extras, mezclando la inocencia infantil con una trama de profundo suspenso.
Un thriller sobre las heridas del pasado
La película narra la historia de un hombre, interpretado por el actor Hoze Meléndez, que regresa a la escuela donde estudió para confrontar un trauma de la infancia relacionado con el acoso escolar. Para los directores, el edificio de la Escuela Primaria «España» no es solo una locación, sino un personaje más que guarda los ecos de un pasado doloroso y que es clave para el desarrollo de la trama.
Del patio de juegos al set de filmación
La participación de los niños fue manejada con extremo cuidado para que la vivieran como una aventura. Lejos del tono oscuro de la película, los directores se aseguraron de que para los pequeños actores todo fuera un juego, una oportunidad para descubrir la magia del cine. Esta colaboración fue posible gracias al total apoyo de la directora del plantel, Patricia Cabrera, quien abrió las puertas de la institución durante el periodo vacacional.
Un elenco que arropa la historia
Junto a Hoze Meléndez, el reparto cuenta con figuras como Wrightsman, Mariana Gajá y Axel Ricco, quienes dan vida a los personajes que rodean al protagonista en su viaje de confrontación. La decisión de filmar durante las vacaciones escolares fue estratégica para no interrumpir el ciclo académico y poder utilizar las instalaciones de manera exclusiva, garantizando un ambiente controlado tanto para el equipo de producción como para los niños participantes.
Actualmente, la película se encuentra en pleno proceso de producción, con la promesa de ser un thriller psicológico que resonará en muchos. Este proyecto no solo busca contar una historia de ficción, sino también abrir el diálogo sobre las profundas y duraderas cicatrices que el acoso escolar puede dejar, utilizando un escenario real y la energía de sus jóvenes estudiantes para darle una impactante y cruda autenticidad.


