El plan más audaz de la humanidad

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Marcos Pérez Esquer

Es fascinante pensar que estamos a solo unos días de presenciar el regreso del ser humano a la Luna. ¡Qué emoción! Inevitable recordar a ese niño que fui que decía que de grande sería astronauta.

Y es que, desde que el ser humano dejó de caminar sobre la superficie lunar en 1972, el satélite pasó de ser la imagen de una conquista a un recuerdo en blanco y negro. La espera ha sido larga, pero el próximo miércoles 1 de abril de 2026 -y en la ventana que se extiende hasta el 6 de abril- esa espera termina. El mundo volverá a mirar hacia las estrellas con la misma maravilla que sintió la generación de 1969, pero con una expectación adicional: con la misión Artemis II, la humanidad no solo vuelve a la Luna, vuelve para quedarse, porque, aunque esta vez no la pisarán, el viaje es preparatorio del que próximamente lo hará para fijar una base.

Pero varias cosas más hacen de esta misión una particularmente fascinante:

1. Esta misión de 10 días es el primer vuelo tripulado del sistema integrado: el mega-cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orión.

2. Llegarán más lejos que nadie. Debido a su trayectoria, la tripulación viajará miles de kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna. Esto los colocará a una distancia de la Tierra mayor a la alcanzada por cualquier ser humano en la historia, superando incluso el récord de la accidentada Apolo 13.

3. Por primera vez una misión tripulada utilizará láseres para enviar datos a la Tierra a velocidades que permitirán transmitir videos en 4K desde la órbita lunar prácticamente en tiempo real.

4. La misión usará la gravedad lunar como un resorte. Una vez que Orión rodee la Luna, la gravedad del satélite la catapultará de regreso a casa. Si tras el impulso inicial los motores fallan, la física natural del sistema Tierra-Luna los traerá de vuelta.

5. Además de Reid Wiseman, viajará Christina Koch que será la primera mujer en viajar a la Luna, Víctor Glover el primer hombre de color y Jeremy Hansen el primer no estadounidense (canadiense) en salir de la órbita terrestre baja.

Pero más allá de las curiosidades, Artemis II es un laboratorio crítico de supervivencia. La tripulación atravesará los cinturones de radiación de Van Allen y se expondrán a un entorno de radiación cósmica que nadie ha experimentado en cinco décadas. Los datos recogidos sobre su salud y el rendimiento de los blindajes de la nave Orión serán piedra angular para los siguientes pasos.  

Artemis II es el examen previo a que Artemis III haga el primer alunizaje en el polo sur lunar. Su importancia no radica en llegar a la Luna, sino en preparar la infraestructura para lo que sigue.

Y la Luna no es el destino final; es el campo de entrenamiento. Con Artemis II la humanidad aprenderá a gestionar recursos y sobrevivir en las condiciones límite del espacio profundo, y a utilizar -y confiar- en una tecnología que hoy parece ciencia ficción pero que mañana será clave para el establecimiento de una primera base en el Mar de la Tranquilidad, y para los viajes interplanetarios.

Los astronautas a bordo no solo probarán los nuevos sistemas de soporte vital, llevarán la representación de una humanidad con una esperanza renovada en conseguir el siguiente gran objetivo: Marte.

Cuando el SLS encienda sus motores en el Centro Espacial Kennedy, el estruendo sacudirá las costas de Florida, y nuestra imaginación. La misión revolucionará nuestra capacidad de asombro y nuestra percepción de lo posible. Artemis II nos hará recordar que la exploración es una parte intrínseca de nuestra naturaleza, es algo profundamente humano. Muy pronto, la humanidad dejará de ver el espacio como un lugar lejano y lo convertirá en su siguiente hogar.

Los viajes interplanetarios son como un seguro de vida para la humanidad; lo decía Stephen Hawking, los riesgos en la Tierra hacen que poner todos los huevos en una sola canasta sea una estrategia suicida a largo plazo.

Los riesgos no son muy probables, pero son muchos: guerra nuclear, virus diseñados genéticamente, cambio climático, tormenta solar, asteroides, supervulcanismo. Por eso Carl Sagan decía que “toda civilización superviviente está obligada a convertirse en espacial, no por celo explorador o romántico, sino por la razón más práctica imaginable: seguir vivos”.

Si estos viajes son como un seguro de vida para la humanidad, Artemis II es como el pago de la primera prima, porque esta vez el viaje es de ida y vuelta, pero el siguiente será una mudanza.

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