ALEMANIA. Un estudio liderado por la Universidad del Sarre ha revelado que los humanos modernos de Europa central ya utilizaban secuencias de signos complejos hace más de 40 mil años. Estos grabados, hallados en herramientas, cuevas y esculturas, presentan una densidad de información y una complejidad estadística comparables a las de la primera escritura protocuneiforme de Mesopotamia, la cual apareció decenas de milenios después.
La investigación, publicada en la revista PNAS, analizó más de tres mil signos geométricos (puntos, cruces y muescas) en objetos de la cultura auriñaciense. Aunque no se ha descifrado su significado exacto, el hallazgo sugiere que los cazadores-recolectores del Paleolítico ya poseían la capacidad cognitiva para registrar pensamientos y transmitir información mediante símbolos.
Hallazgos clave del análisis estadístico
Los investigadores utilizaron herramientas de digitalización y análisis de datos para medir la «huella estadística» de estos grabados:
- Densidad de información: Mediante el cálculo de la entropía (previsibilidad y repetición de los signos), determinaron que estos sistemas eran tan eficientes para codificar datos como los primeros sistemas de escritura conocidos.
- Capacidad cognitiva: Los resultados refuerzan la teoría de que los humanos de la Edad de Piedra tenían capacidades mentales similares a las nuestras para la codificación simbólica.
- Diferencia con la escritura actual: Los expertos aclaran que, aunque no son precursores directos del alfabeto moderno, sí representan una etapa avanzada en la evolución de los sistemas de signos humanos.
Artefactos emblemáticos
Muchos de los objetos estudiados provienen del Jura de Suabia, en Alemania, una región clave para entender el encuentro entre el Homo sapiens y los neandertales:
- El Mamut de marfil: Una pequeña figura tallada con filas precisas de cruces y puntos.
- El «Adorante»: Una placa de marfil que representa a un ser híbrido (león-humano) decorada con muescas y puntos, lo que sugiere un uso ritual o de registro de datos.
Este descubrimiento sitúa la capacidad de almacenar información de forma externa mucho antes de lo que se pensaba, demostrando que la escritura es solo la etapa final de una larguísima cadena de experimentación con símbolos que comenzó poco después de que nuestra especie llegara a Europa.


