Día mundial del Arte
El arte no es lo que hacemos en nuestro tiempo libre,
el arte es lo que nos hace libres todo el tiempo.
Mtro. Serafín Aponte
Por Mauricio Leyva Castrejón
El Día Mundial del Arte, que se conmemora cada 15 de abril, invita a pensar la creatividad como una fuerza activa en la vida contemporánea y no solo como patrimonio simbólico. En un contexto global marcado por tensiones políticas, avances tecnológicos acelerados y transformaciones sociales profundas, el arte se mantiene como un territorio donde es posible procesar la complejidad del presente. No se limita a representar el mundo: lo interpreta, lo cuestiona y, en ocasiones, anticipa nuevas formas de entenderlo. Desde las grandes instituciones culturales hasta las expresiones más espontáneas en el espacio público, las prácticas artísticas siguen abriendo preguntas allí donde el discurso dominante suele ofrecer respuestas simplificadas. No es casual que organismos como la UNESCO insistan en que la cultura y la creatividad son motores del desarrollo sostenible, la cohesión social y el diálogo entre comunidades.
En México, sin embargo, quienes sostienen la vida cultural enfrentan condiciones que distan de ser favorables. La inestabilidad laboral, los esquemas de financiamiento intermitentes y la concentración de oportunidades en ciertos núcleos urbanos configuran un entorno desigual que limita trayectorias y desalienta proyectos de largo plazo. A ello se suma la fragilidad de muchas iniciativas independientes frente a cambios institucionales y la insuficiente garantía de los derechos culturales en la práctica cotidiana. Los datos reflejan también una relación ambivalente con el consumo cultural: aunque más de la mitad de la población adulta (52.5 %) asistió a algún evento cultural en el último año, esta cifra aún no recupera los niveles previos a 2016 . Al mismo tiempo, el sector cultural aporta alrededor de 2.8 % del PIB nacional y genera más de 1.4 millones de empleos, lo que evidencia su peso económico y social . Sin embargo, estos números conviven con brechas de acceso, centralización y precariedad que afectan especialmente a creadores fuera de los circuitos más visibles.
Frente a este panorama, resulta necesario replantear el lugar del arte en la vida pública más allá de su dimensión conmemorativa. El desafío consiste en consolidar políticas culturales sostenidas, con financiamiento transparente, descentralización efectiva y condiciones dignas para quienes participan en el ecosistema creativo. También implica fortalecer la educación artística y ampliar el acceso de la ciudadanía a diversas expresiones culturales, no como un complemento, sino como parte integral de la formación social. En ese sentido, conviene recuperar la idea expresada por Gabriel García Márquez: “la cultura es el aprovechamiento social del conocimiento”. Asumirla obliga a entender el arte como un espacio donde una sociedad no solo se representa, sino que se piensa, se cuestiona y proyecta sus posibilidades.


