El presidente de China, Xi Jinping, hizo un llamado a su homólogo estadounidense, Donald Trump, para manejar con cautela el tema de Taiwán, advirtiendo que cualquier paso en falso podría derivar en choques que pongan en peligro la estabilidad global.
Durante una reunión a puerta cerrada en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, Xi Jinping subrayó que la relación entre ambas potencias depende de una gestión adecuada del estatus de Taiwán. El mandatario chino empleó el término «trampa de Tucídides» para referirse al riesgo histórico de guerra cuando una potencia emergente desafía a una establecida, instando a Estados Unidos a forjar un modelo de cooperación en lugar de rivalidad. Por su parte, Donald Trump mantuvo un tono personal y optimista, calificando a Xi como un «gran líder» y un «amigo», asegurando que los vínculos bilaterales entrarán en una etapa de prosperidad sin precedentes.
A pesar de la retórica amistosa de Trump, la agenda oficial estuvo marcada por temas de alta complejidad técnica y geopolítica, como la crisis energética derivada de la guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz. China, siendo el principal comprador de petróleo iraní, enfrenta presiones por el alza de los precios de la energía que amenaza el crecimiento económico mundial, un factor que Trump busca estabilizar de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre. Asimismo, se discutieron posibles acuerdos comerciales para la compra de soya, carne y aeronaves estadounidenses, así como la creación de una Junta de Comercio para dirimir diferencias arancelarias.
En cuanto al equipamiento militar, la administración Trump mantiene pendiente la entrega de un paquete de armas a Taiwán valorado en 11 mil millones de dólares, mientras busca acuerdos para asegurar la producción de microchips esenciales para la inteligencia artificial. Mientras se desarrollaba la cumbre, el gobierno de Taiwán afirmó haber recibido garantías de apoyo firme por parte de Washington. Los mandatarios concluyeron su jornada con una visita al Templo del Cielo y un banquete de Estado, enfatizando la importancia simbólica de la reunión antes de abordar un posible acuerdo trilateral sobre control de armas nucleares con Rusia.
La visita de tres días finalizará este viernes tras un almuerzo conjunto, dejando a la expectativa los detalles concretos sobre los avances en materia de soberanía, comercio y seguridad internacional que impactarán el equilibrio de poder en la nueva era.


