Un estudio científico advirtió que el aumento global de las temperaturas y la humedad someterá a futbolistas y aficionados a condiciones climáticas peligrosas, duplicando el riesgo registrado en la edición de 1994.
El análisis, realizado por el grupo de expertos World Weather Attribution (WWA), revela que la crisis climática actual compromete la viabilidad de los encuentros programados para el verano boreal. Al evaluar los horarios de los 104 partidos del torneo, los investigadores determinaron que aproximadamente el 25% de la competencia se llevará a cabo bajo índices térmicos que superan las pautas de seguridad de la FIFPRO (Sindicato Mundial de Futbolistas). Según el estudio, al menos cinco encuentros podrían disputarse en niveles catalogados como «inseguros», alcanzando el equivalente a 38 grados centígrados en calor seco o condiciones de humedad extrema.
La investigadora Joyce Kimutai, del Imperial College de Londres, destacó que la mitad del cambio climático provocado por el ser humano ha ocurrido precisamente en los años transcurridos desde que Estados Unidos albergó su primer Mundial en 1994. Esta rápida evolución climática significa que las sedes actuales enfrentan un entorno mucho más hostil; sin embargo, más de un tercio de los partidos considerados de «alto riesgo» están programados en estadios que carecen de sistemas de aire acondicionado o refrigeración interna, afectando ciudades como Miami, Kansas City, Filadelfia y la zona de Nueva York/Nueva Jersey.
Friederike Otto, profesora de Ciencia Climática, calificó estos hallazgos como una «llamada de atención» para la FIFA, señalando que la posibilidad de alcanzar un «nivel de cancelación» por calor extremo debería obligar a las organizaciones deportivas a replantear la logística de grandes eventos. El informe subraya que el índice de Temperatura de Globo de Bulbo Húmedo (WBGT) —que mide la capacidad del cuerpo para enfriarse— será el factor determinante para aplicar medidas de emergencia como las pausas de hidratación obligatorias o, en casos extremos, el aplazamiento de los juegos para proteger la integridad física de los protagonistas y el público.
Ante este panorama, especialistas instan a las autoridades deportivas a coordinar planes de contingencia más estrictos con los servicios meteorológicos locales. La advertencia científica enfatiza que ningún sector de la sociedad, incluido el deporte de élite, permanece ajeno a los efectos cuantificables del calentamiento global, los cuales hoy ponen a prueba la organización del evento futbolístico más grande de la historia.


