El gobierno de los Estados Unidos anticipó un recrudecimiento de las operaciones bélicas en Medio Oriente y manifestó su intención de asumir la gestión de los recursos energéticos iraníes bajo un esquema similar al implementado en Sudamérica.
A través de un comunicado emitido en sus canales de difusión oficiales, el presidente Donald Trump aseguró que las fuerzas armadas estadounidenses ejecutarán bombardeos estratégicos orientados a desmantelar la capacidad ofensiva y los sistemas de defensa aérea de la República Islámica. El mandatario estadounidense detalló que los planes operativos contemplan la intervención militar de la isla de Jarg, el nodo logístico y terminal de exportación de crudo más importante de la nación asiática. Asimismo, el Ejecutivo norteamericano vinculó estas acciones con la estrategia aplicada previamente en Venezuela tras la remoción de las antiguas autoridades de Caracas, donde Washington consolidó la administración compartida de los mercados de hidrocarburos con la nueva administración local.
Este anuncio agudiza la crisis geopolítica en la región, pocas horas después de que el Pentágono completara una segunda jornada de incursiones aéreas en territorio iraní. En respuesta a las operaciones norteamericanas, el gobierno de Teherán ejecutó ataques de represalia contra instalaciones militares de los Estados Unidos ubicadas en Kuwait, Jordania y Baréin, además de decretar el cierre total a la navegación comercial en el estratégico estrecho de Ormuz. Las hostilidades actuales representan la ruptura formal del cese al fuego establecido entre ambas naciones el pasado 8 de abril, luego del estancamiento de las mesas de negociación diplomática por discrepancias en las cláusulas de los acuerdos de paz.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán declaró este jueves que los bombardeos perpetrados por la Unión Americana anularon cualquier pacto de no agresión preexistente. Las autoridades de Teherán responsabilizaron directamente al gobierno de Washington por las consecuencias globales de la desestabilización del suministro de hidrocarburos en el golfo Pérsico, mientras los mandos del ejército iraní permanecen en estado de alerta máxima ante la inminencia de los ataques nocturnos anunciados por la Casa Blanca.


