Almacenamiento inadecuado de medicamentos compromete su eficacia terapéutica

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Especialistas en control de calidad advirtieron que la falta de apego a las instrucciones de conservación y consumo de los fármacos altera sus propiedades químicas y reduce el impacto médico esperado.

La directora del Laboratorio de Control de Calidad de Novartis, Jacqueline Gutiérrez García, señaló que omitir las indicaciones de las etiquetas sobre mantener los productos en lugares frescos, secos y protegidos de la luz afecta directamente la estabilidad de las moléculas. Los medicamentos inyectables y los inhaladores presentan una mayor sensibilidad ambiental en comparación con las tabletas, por lo que su resguardo exige un control riguroso que excluye espacios con alta humedad como los cuartos de baño. La especialista desaconsejó el uso de pastilleros organizadores, enfatizando la importancia de conservar las dosis dentro de sus empaques y blísteres originales para garantizar la protección diseñada por los fabricantes.

Asimismo, se alertó sobre la práctica común de modificar la estructura física de las pastillas al triturarlas o partirlas, acción que destruye las coberturas especiales formuladas para resistir los ácidos gástricos y alcanzar el intestino de forma íntegra. El consumo de fármacos acompañado de bebidas como leche, café, refrescos o jugo de toronja también altera los niveles de acidez estomacal, provocando interacciones químicas que retienen los componentes activos y simulan una ingesta menor a la recetada. De acuerdo con las recomendaciones técnicas, el agua natural permanece como el único fluido idóneo para la deglución sin interferir en los procesos de absorción del organismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 50% de los pacientes globales no siguen correctamente sus tratamientos debido a la complejidad técnica de los prospectos o a instrucciones confusas durante la consulta. Estudios clínicos complementarios indican que un porcentaje significativo de adultos mayores revisa las etiquetas únicamente para identificar efectos secundarios, ignorando las directrices de dosificación y almacenamiento correcto. Ante este panorama, los laboratorios farmacéuticos realizan miles de pruebas anuales de resistencia térmica para validar los estándares de seguridad exigidos por las comisiones sanitarias antes de su distribución comercial.

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