El Comando Sur de Estados Unidos anunció la incorporación de la embarcación de propulsión nuclear y su flotilla de acompañamiento en la región caribeña, como parte de un endurecimiento en las medidas de control político y comercial hacia el gobierno de Cuba.
El contingente naval de la Unión Americana está conformado por el portaviones USS Nimitz, el destructor de misiles guiados USS Gridley, el buque de abastecimiento logístico USNS Patuxent y las unidades aéreas integradas al Ala Aérea Embarcada 17. Los mandos militares del comando operacional informaron que el despliegue estratégico tiene como propósito asegurar la estabilidad regional y validar el nivel de alistamiento de sus fuerzas en el hemisferio, haciendo referencia al historial de operaciones del navío en zonas de alta fricción internacional como el Estrecho de Taiwán y el Golfo Pérsico. La movilización coincide con la finalización de ejercicios conjuntos previos realizados con armadas de diversos países de América Latina.
El movimiento de las unidades de superficie ocurre de manera paralela a una ofensiva jurídica por parte del Departamento de Justicia estadounidense, que formalizó una serie de cargos penales contra el expresidente cubano Raúl Castro y otros cinco oficiales de las fuerzas armadas de la isla, relacionados con el derribo de aeronaves civiles ocurrido en 1996. Ante este escenario, el secretario de Estado, Marco Rubio, dirigió un mensaje a la población cubana donde adjudicó la responsabilidad de la crisis energética y el desabasto de insumos básicos a la administración del conglomerado militar estatal GAESA, el cual concentra la mayor parte de las actividades comerciales y productivas en el territorio insular.
Las autoridades de La Habana rechazaron las imputaciones del poder judicial norteamericano y las medidas de restricción petrolera vigentes, calificando los señalamientos de carácter político y advirtiendo sobre el derecho de la isla a la legítima defensa frente a un potencial amago de incursión armada. El Departamento de Defensa mantendrá las rutas de vigilancia aérea e inteligencia técnica en los límites del espacio soberano cubano en coordinación con las agencias de seguridad nacional de Washington. Las comisiones diplomáticas de ambas naciones mantienen bajo reserva el estatus de los canales de comunicación secundaria para la contención de incidentes en el perímetro marítimo.


