FBI revela indicios de odio en ataque a mezquita de San Diego

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El FBI y la policía local informaron que los autores del tiroteo en el Centro Islámico compartían un perfil de radicalización digital y almacenaban más de 30 armas de fuego en sus domicilios.

El agente especial a cargo de la oficina del FBI en San Diego, Mark Remily, detalló en conferencia de prensa que la investigación se conduce bajo el protocolo de delitos de odio, tras el hallazgo de un manifiesto escrito por los agresores que evidencia un rechazo generalizado hacia múltiples razas y religiones. De acuerdo con las indagatorias federales, los sospechosos —identificados por fuentes policiales como Cain Clark, de 18 años, y Caleb Vazquez, de 17— se conocieron a través de internet y se radicalizaron mediante el consumo de contenidos digitales. Las agencias de seguridad centran los trabajos periciales en el rastreo de sus interacciones en las redes sociales para determinar los mecanismos de su adoctrinamiento y analizar el flujo de comunicaciones previo al ataque en la zona fronteriza.

Durante la ejecución de órdenes de cateo en tres inmuebles residenciales de la demarcación, los elementos de seguridad incautaron un arsenal compuesto por pistolas, escopetas y una ballesta. El jefe de la Policía de San Diego, Scott Wahl, confirmó que la madre del menor de los implicados había realizado un reporte previo por la sustracción de tres armas y un vehículo del domicilio familiar, lugar donde también se localizó una nota suicida con referencias explícitas a la supremacía racial. La fiscalía correspondiente mantiene bajo evaluación la posible presentación de cargos penales en contra de los padres o tutores de los adolescentes debido a las omisiones en el resguardo y la accesibilidad de dicho equipo bélico.

Las corporaciones policiales hicieron un reconocimiento a las tres víctimas mortales, Mansour Kaziha, Nader Awad y el guardia de seguridad Amin Abdullah, quienes realizaron maniobras de alerta y repelieron la agresión directa, evitando que los sospechosos ingresaran a las áreas donde opera una escuela primaria. Los reportes forenses indicaron que, tras ser repelidos, los agresores huyeron del perímetro en un automóvil y posteriormente se quitaron la vida con impactos de bala autoinfligidos antes de ser interceptados por las patrullas interceptoras. El imán Taha Hassane, director del recinto, señaló que la institución contaba con vallas perimetrales y cámaras de vigilancia debido al registro histórico de llamadas y mensajes amenazantes de carácter anónimo.

El Buró Federal de Investigaciones mantendrá el procesamiento de la escena del crimen en coordinación con los peritos balísticos de la fiscalía del estado de California para concluir los dictámenes oficiales. Los cuerpos de las víctimas ya fueron identificados legalmente y entregados a sus familiares directos para los servicios funerarios correspondientes, mientras las autoridades locales refuerzan la vigilancia en otros centros religiosos de la región.

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