Habitantes de la región binacional entre Tecate y California denunciaron graves afectaciones al patrimonio cultural y ambiental debido al uso de dinamita para la instalación del muro de acero estadounidense. Las explosiones, realizadas en las faldas del cerro Cuchumá, impactaron directamente un monolito de 35 metros de altura perteneciente al periodo cretácico, ubicado en una zona de alta relevancia espiritual para el pueblo kumiai.
El área afectada, conocida como Tecate Peak o «Tecatito», es un sitio ceremonial ancestral que alberga cementerios y puntos rituales de los pueblos originarios. A pesar de que este espacio fue inscrito en el Registro Nacional de Sitios Históricos de Estados Unidos en 1992 (bajo el número 92001268), los residentes señalan que las obras del gobierno de Donald Trump han pasado por encima de las leyes de conservación histórica. Expertos como el doctor Everardo Garduño han documentado al menos 71 elementos funerarios y simbólicos en la zona, la cual ahora se encuentra seccionada por estructuras de acero de 12 metros de largo.
La comunidad kumiai y especialistas en antropología advierten que el daño va más allá de lo físico:
- Impacto Espiritual: El Cuchumá es considerado un centro de iniciación para chamanes y un espacio sagrado desde la cosmogonía de la creación del mundo.
- Afectación Ambiental: Las detonaciones alteran la estabilidad de la tierra, los acuíferos locales y el ecosistema del sistema montañoso binacional.
- Crisis Identitaria: La valla metálica fragmenta el territorio tradicional de los grupos originarios, dividiendo físicamente una cultura que históricamente ha ignorado las fronteras políticas.
Productores y residentes locales, como Tonalli Magaña Guzmán, han hecho un llamado a la acción social para proteger lo que consideran «el cuidado de lo sagrado», lamentando que la construcción priorice la separación fronteriza sobre la preservación del conocimiento ancestral y la integridad de la tierra. La denuncia pública busca la intervención urgente de organismos internacionales para frenar la destrucción de este «vórtice de espacio y tiempo» que une las narrativas de México y Estados Unidos, y que actualmente se ve amenazado por el avance de la infraestructura de seguridad fronteriza en este abril de 2026.


