La otra esquina

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Jorge Campos: el humano, el mito, la leyenda.

Por Mauricio Leyva Castrejón

Existen hombres que se convierten en leyendas gracias a su talento y habilidad excepcionales, y quienes se convierten en leyendas por sus historias de superación y de esfuerzo, que levantan admiración e inspiran a los demás. Cada una de estas posibilidades es, sin duda, extraordinaria, pero cuando conocemos a alguien que reúne las dos, nos encontramos con algo más que una leyenda, más parecido a un mito. Es decir, a una figura que ha trascendido el tiempo y a sí misma, marcando un antes y un después. Ese es el caso del arquero mexicano Jorge Campos, quien pasó de ser considerado un arquero extraordinario a convertirse en ídolo, después en leyenda y ahora en un mito viviente. Considerado una de las figuras deportivas más influyentes de la actualidad, Jorge Campos destacó por romper esquemas, desafiar las reglas, reinventar la vocación del arquero, transgredir las líneas de la portería para colocarse a la vanguardia y meter goles. Él es uno de esos escasos ejemplos de deportistas que, una vez retirados de la cancha, hicieron crecer su figura de una manera ejemplar. Para quienes lo han tratado en persona, la primera impresión es que el color de su traje de arquero y su energía explosiva en la cancha contrastan totalmente con su semblante serio, a veces distante y silencioso. Él dice que no le gusta hablar; prefiere ser reservado porque, en la cancha como en la vida, aprendió a medir el terreno en silencio. Supo administrar sus energías como ahora administra sus palabras. De la disciplina del arquero aprendió a “salir” cuando debía hacerlo, y esa disciplina la refleja en el lenguaje. Siempre he creído que un hombre en silencio lleva una revolución por dentro. Jorge Campos lleva la suya. Fue considerado por la IFFHS como el tercer mejor arquero del mundo en 1993. Su legado va más allá de los trofeos y es muy querido en Guerrero por sus paisanos y paisanas, de la misma manera en que es bien estimado en el mundo entero. Pocos saben, o mejor dicho, poco se dice, que Jorge Campos es una figura sencilla, altruista y solidaria con los jóvenes, con los niños y con las niñas. Con la discreción de quien tiene la humildad como un don, impulsa el deporte en zonas rurales de Acapulco. Nunca duda en detenerse a saludar a un joven, a un niño o a una niña cuando lo saludan. Firma autógrafos al grito de “¡Hey, Brody!”, como cariñosamente le llaman.

Es una figura que vive entre los mexicanos; lo reconocen las generaciones del “antes” y las del “ahora”. Recientemente le pregunté a un joven ecuatoriano con quien coincidí en Montreal si sabía quién era Jorge Campos. Me respondió casi por reflejo y emocionado: “El ídolo mexicano, el portero. ¡Claro que sé quién es!”. Anécdotas sobre su don de gentes, su sencillez y su determinación hay muchas, pero es importante darse cuenta de que la clave de este hombre vuelto mito consiste en su enorme calidad humana y en haber sobrevivido, de manera clara, inteligente y audaz, al mundo seductor de la fama, en el cual muchos se han perdido.

En lo personal, tuve oportunidad de coincidir con Jorge Campos en algunas ocasiones, y su sencillez, de manera paradójica, imponía un respeto auténtico. Nunca creí verme en la posición de pedirle un favor hasta hace poco. Mi hijo estaba próximo a cumplir doce años y me pidió que le regalara una sorpresa. Después de varios días de pensar en esto y sabiendo que Jorge Campos —nuestro paisano— es una de las figuras que él más admira, le pedí a un amigo cercano que me ayudara con una tarea casi imposible: un breve video de Jorge Campos felicitándolo. Aun cuando Jorge Campos se encontraba de viaje, sabiendo lo importante que era para un niño (mi hijo) un saludo de parte suya, Jorge Campos se dio el tiempo y, poco antes de la medianoche, mi hijo recibió la felicitación del jugador mexicano que más admira.

Está por demás decir la emoción que este gesto tuvo en mi hijo; lo ha marcado para bien, lo ha cambiado de forma significativa y, a nivel familiar, nos ha conmovido mucho. Al mismo tiempo, me ha hecho reflexionar en este hombre mito, en esta leyenda, en este gran ser humano que, al igual que con nosotros, seguramente sigue teniendo gestos conmovedores sin buscar anunciarlos ni exhibirlos en redes sociales, porque, al final del día, un hombre sólido, un verdadero triunfador, no necesita de público para mostrar su corazón. Y ese es Jorge Campos: un mito verdadero, una leyenda viviente y un ejemplo de talento, disciplina y dedicación.

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