CIUDAD DE MÉXICO.- América Latina se prepara para tomar el timón del mercado energético global. Un contundente informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta que la región aportará más de la mitad del crecimiento mundial en la producción de crudo fuera del cartel de la OPEP+ de aquí a 2029, un giro que redefine el poder geopolítico en el sector.
Cifras que impactan: Un aumento sin precedentes
Según las proyecciones del organismo internacional, se espera que América Latina y el Caribe incrementen su producción en 2.4 millones de barriles diarios (mbd) para el final de la década. Esta cifra no solo es significativa, sino que representa una porción crítica del nuevo suministro que necesitará el mundo, colocando a la región en el centro de la atención de inversionistas y mercados.
Brasil y Guyana: Los nuevos titanes del Atlántico
El motor principal de esta expansión se encuentra en el Atlántico sudamericano. Brasil, gracias a sus gigantescos y eficientes yacimientos presalinos, continuará su trayectoria ascendente. A su lado emerge con fuerza Guyana, un país que ha pasado de ser un actor menor a una potencia petrolera en tiempo récord, con descubrimientos masivos que atraen inversiones millonarias de todo el mundo.
Argentina y Vaca Muerta: La promesa no convencional
Otro pilar fundamental de este crecimiento es Argentina, que apuesta todo a su formación de shale en Vaca Muerta. Este yacimiento no convencional es considerado uno de los más grandes del planeta y su desarrollo está permitiendo al país no solo aumentar su producción, sino también soñar con convertirse en un exportador neto de energía, cambiando drásticamente su balanza comercial.
El rol estabilizador de México
En este escenario de crecimiento explosivo, México asume un rol diferente pero igualmente crucial: el de la estabilidad. Si bien no se esperan aumentos drásticos en su producción, los esfuerzos de Petróleos Mexicanos (Pemex) se concentran en sostener los niveles actuales y optimizar la extracción en sus campos maduros, garantizando un piso de producción confiable para Norteamérica.
Este nuevo panorama consolida a América Latina como una región indispensable para la seguridad energética global en los próximos años. El gran desafío será materializar estas proyecciones, lo que requerirá un clima de inversión favorable, estabilidad política en los países clave y una gestión eficiente que permita competir en un mercado cada vez más complejo y presionado por la transición hacia energías más limpias.


