ONU advierte sobre impacto de ‘El Niño’ en la seguridad alimentaria de la región

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Organismos internacionales hicieron un llamado urgente a los gobiernos de América Latina y el Caribe para fortalecer la resiliencia de las comunidades rurales ante la inminencia de fenómenos climáticos extremos y el alza en los costos de insumos básicos.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de la FAO, el FIDA y el Programa Mundial de Alimentos, alertó que el fenómeno de ‘El Niño’ podría agravar drásticamente la inseguridad alimentaria que ya afecta a millones de personas en el continente. Según las proyecciones meteorológicas, existe una probabilidad de hasta el 80% de que este evento alcance su máxima intensidad a finales de año, provocando sequías prolongadas en el Corredor Seco de Centroamérica y lluvias torrenciales e inundaciones en el cono sur. Esta volatilidad climática amenaza con desplazar a más familias hacia la vulnerabilidad extrema, en una región que ya concentra el 22% de las pérdidas globales por desastres en el sector agrícola.

Al desafío ambiental se suma una coyuntura económica compleja, marcada por el incremento en los precios internacionales de fertilizantes, combustibles y alimentos debido a conflictos geopolíticos en Medio Oriente. Expertos de la ONU señalaron que este escenario reduce el poder adquisitivo de las familias y ejerce una presión sin precedentes sobre los sistemas de protección social. Ante esta «crisis de doble impacto», se enfatizó la necesidad de combinar servicios financieros digitales, seguros climáticos y créditos para que los productores locales puedan resistir los embates de la naturaleza sin que estos se conviertan en emergencias humanitarias recurrentes.

En Centroamérica, varios países ya han comenzado a ejecutar planes de acción temprana con el apoyo de agencias internacionales. Estas medidas incluyen la distribución estratégica de granos básicos, transferencias monetarias para asegurar el consumo mínimo y la instalación de estaciones de monitoreo meteorológico para orientar a más de 76 mil personas en zonas críticas. La estrategia busca que las comunidades no solo sobrevivan al impacto inmediato, sino que mantengan su capacidad productiva a largo plazo, evitando el colapso de las cadenas de suministro locales durante los periodos de aridez o exceso de humedad.

La ONU concluyó que, si bien los fenómenos extremos son inevitables, las crisis de hambre pueden prevenirse mediante una inversión sostenida en infraestructura rural y una preparación técnica adecuada. El fortalecimiento de la resiliencia comunitaria se posiciona como la herramienta más efectiva para proteger a los 167 millones de personas que hoy enfrentan dificultades para acceder a una dieta saludable en la región, asegurando que la ayuda llegue de manera anticipada y eficiente antes de que el fenómeno alcance su etapa más crítica.

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