Tras un breve retraso por condiciones climáticas, la Agencia Espacial Europea (ESA) puso en órbita este sábado desde Nueva Zelanda las dos primeras unidades del programa Celeste, una misión diseñada para revolucionar la precisión y seguridad de la navegación satelital en el continente.
El despegue, ocurrido a las 09:14 h (hora local), marca el inicio de una fase de demostración crítica para el futuro de la autonomía tecnológica europea. A diferencia de los satélites tradicionales de Galileo, que operan en órbita terrestre media (MEO), la constelación Celeste se ubica en la órbita terrestre baja (LEO). Esta proximidad a la Tierra permite reducir la latencia de las señales y fortalecer la cobertura en zonas de difícil acceso o ante posibles caídas del sistema principal, garantizando una navegación ininterrumpida para servicios de emergencia y protección civil.
La misión cuenta con una destacada participación de la industria española; la empresa GMV figura como contratista principal, responsable del diseño y la operación de extremo a extremo de la mitad de la constelación. El programa completo estará integrado por 12 satélites (11 operativos y uno de reserva) que alcanzarán su configuración final en 2027. Según Josef Aschbacher, director general de la ESA, este despliegue no solo complementa la infraestructura actual, sino que abre la puerta a aplicaciones de última generación como la conducción autónoma, la gestión ferroviaria avanzada y el control de tráfico marítimo y aéreo con precisión milimétrica.
¡Despegue! Los satélites de la misión #Celeste se dirigen a la órbita terrestre baja para su misión de demostración. https://t.co/JuMJeVyUXH
— ESA España (@esa_es) March 28, 2026
Con el éxito de este lanzamiento, Europa refuerza su soberanía en materia de posicionamiento y sincronización. Francisco-Javier Benedicto Ruiz, director de Navegación de la ESA, destacó que Celeste funcionará como un «banco de pruebas en órbita» para experimentar con nuevas bandas de frecuencia y entornos de usuario. Este avance asegura que el sistema Galileo se mantenga a la vanguardia frente a competidores globales, priorizando la seguridad ciudadana y la resiliencia de las comunicaciones en situaciones de desastres naturales o crisis de seguridad.


