La escalada bélica en Oriente Medio ha alcanzado un punto de inflexión tras el uso, por primera vez, de misiles balísticos iraníes de largo alcance (4,000 kilómetros). Según el jefe del ejército israelí, Eyal Zamir, estos proyectiles impactaron en la base militar estadounidense-británica de Diego García, marcando la primera expansión del conflicto fuera de su región de origen. La milicia israelí advirtió que ciudades como Berlín, París y Roma se encuentran ahora bajo amenaza directa.
El ataque se produjo poco después de que el gobierno británico autorizara a Estados Unidos el uso de sus bases para atacar emplazamientos de misiles en Irán. Durante la noche del sábado, otros impactos alcanzaron las ciudades israelíes de Dimona y Arad, dejando decenas de heridos. Sorprendentemente, el sistema de defensa aérea israelí no interceptó estos ataques, un incidente que el general Effie Defrin calificó como sujeto a investigación inmediata, dada la proximidad del reactor nuclear de Dimona a las zonas de impacto.
Netanyahu promete ataques directos contra líderes de Irán
En respuesta, el primer ministro Benjamin Netanyahu lanzó una de sus advertencias más severas durante una visita a las zonas afectadas. «Vamos a ir a por el régimen… vamos a atacarles personalmente: a sus dirigentes, sus instalaciones y sus activos económicos», afirmó, señalando directamente a la Guardia Revolucionaria Islámica como el objetivo prioritario de las próximas represalias.
Desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, la cifra de víctimas ha ascendido drásticamente, con más de 2,000 muertos en Irán y 15 en Israel. La Guardia Revolucionaria iraní justificó la ofensiva del domingo asegurando que sus objetivos eran estrictamente «instalaciones militares y centros de seguridad», mientras el mundo observa con preocupación una guerra que ya no conoce fronteras geográficas.


