Irán inicia una nueva etapa bajo el mando de Mojtaba Jameneí, quien en su primer mensaje oficial ha ordenado bloquear el paso de crudo y amenazado directamente las bases estadounidenses.
En un mensaje que ha sacudido los tableros geopolíticos mundiales, Mojtaba Jameneí, el recién nombrado líder supremo de Irán, marcó este jueves 12 de marzo de 2026 el inicio de su mandato con una postura de confrontación total. En su primera alocución oficial, transmitida por la televisión estatal, el sucesor e hijo de Alí Jameneí hizo un llamado explícito a mantener cerrado el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para la economía global por donde transita el 20 por ciento del petróleo del mundo, y que actualmente se encuentra paralizado debido a las hostilidades derivadas del conflicto iniciado el pasado 28 de febrero.
La investidura de Mojtaba Jameneí ocurre en un contexto de crisis nacional tras la muerte de su padre y otros miembros de su familia durante las recientes incursiones militares en territorio iraní. Sin haber aparecido aún en público y en medio de versiones internacionales que sugieren que resultó herido durante dichos ataques, el nuevo dirigente aseguró que su gestión se enfocará en la represalia militar. El tono del discurso no dejó lugar a ambigüedades respecto a la presencia de tropas extranjeras en la región, advirtiendo de manera directa a los países vecinos que albergan instalaciones de Estados Unidos que deben proceder al cierre inmediato de dichas bases para evitar daños colaterales.
Pese a la agresividad de su mensaje contra Washington, el líder iraní intentó matizar su postura hacia las naciones de la zona, asegurando que busca mantener relaciones constructivas con sus 15 vecinos y que las acciones bélicas no van dirigidas contra sus territorios, sino estrictamente contra los activos militares estadounidenses. Mojtaba Jameneí fue enfático al señalar que la estrategia de defensa de la República Islámica no se limitará únicamente a responder por el asesinato de su predecesor, sino que incluirá represalias por otros episodios recientes, como el ataque a un colegio en el sur del país que cobró la vida de 168 personas.
Con el Estrecho de Ormuz como eje de presión económica y la amenaza de ataques persistentes contra objetivos específicos, Irán entra en una fase de mando que prioriza el despliegue de fuerza. La comunidad internacional permanece atenta a los movimientos de las fuerzas navales en la zona, mientras Teherán formaliza su estructura de poder tras 36 años de gobierno de Alí Jameneí.


