La dialéctica del diablo

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Un evento de protesta masiva en contra del gobierno

al medio tiempo de la final de fútbol ¿hubiese sido tolerado en este país?

Rita Guibert publicó un libro extraordinario titulado Siete voces, en esta obra reveló entrevistas inéditas a las 7 grandes figuras vivas en ese momento de la literatura hispanoamericana. Uno de esos gigantes era Julio Cortázar, él señalaba  desde aquel entonces la gran estafa que suele hacer Estados Unidos de Norteamérica cuando, en su afán calculado de obtener el control desde adentro, permite movimientos que parecen articulados en su contra pero que en esencia, parten desde una perfecta cirugía política que busca administrar el ímpetu social para que al final del gran estruendo, la música escandalosa y la atención volcada a un espectáculo diseñado para domesticar la atención, las cosas permanezcan igual para todos, menos para los círculos de poder y para el Gobierno mismo quien después de permitir estos “gestos controlados” esta “estética de la protesta”, obtenga ganancias más altas como lo puede ser el hecho de mostrarse democrático y respetuoso de la libertad de expresión. Esta estrategia Julio Cortázar la llamó “la dialéctica del diablo”; al respecto, decía: la dialéctica del diablo consiste en apostar fichas en el tablero contrario para obtener ganancias más altas. Y eso pasó con el espectáculo del Super Bowl cuya figura principal fue Bad Bunny.

Mucho se ha discutido sobre ello, pero muy poco se ha señalado que este acontecimiento fue permitido por el propio Gobierno, que desde hace ya algún tiempo conocía la temática y lo permitió. Si bien es cierto que el show de Bad Bunny tiene una carga de protesta de enorme valor y trascendencia, también lo es que sólo un ingenuo o distraído puede con certeza pensar que los órganos de inteligencia del gobierno más poderosos del mundo, no estaban al tanto de lo que ocurriría. El show de Bad Bunny le permitió a él lanzar un mensaje poderoso, al mismo tiempo que le brindó a Donald Trump la plataforma de mayor alcance para decir “Mi gobierno respeta la libertad de expresión” y en eso, nadie puede negar que hubo un cálculo mayúsculo por parte de la inteligencia de la Casa Blanca: rebeldía domesticada con una válvula de escape controlada.

Lo valioso de esto es que finalmente el acontecimiento se llevó a cabo y las ganancias fueron en ambos sentidos, tanto del lado de la comunidad latina e hispanoamericana que necesitaba alzar la voz y visibilizar a nivel global su rechazo a la violencia racial (porque en el fondo la lucha contra la migración es un asunto racial), como por parte del gobierno que también supo mantenerse al margen de esto manifestando de manera implícita, el “respeto a la libertad de expresión”.

Este nivel de comprensión y sagacidad hace falta en la hermana república de Falacia, allí gobierna un ser biespiritual, sus decisiones a veces las toma su lado masculino y en ocasiones su lado femenino. Es claro y evidente que su lado masculino le causa serios problemas, pero su lado femenino hace que sonría al público y que demuestre una gélida gentileza. El problema de esta o este gobernante biespiritual  es que envía al Bloque Negro a cada marcha en su contra, crea leyes y antirreformas para controlar la opinión pública, es represora y persigue a quienes piensan diferente y apoya a los dictadores con el dinero de los ciudadanos.

En algunas ocasiones su espíritu femenino le permite algo de sensibilidad, pero nadie puede negar que si alguna marcha se convoca en la capital de Falacia, manda de inmediato a esconder la bandera nacional, las fuerzas de seguridad levantan barricadas alrededor de su Palacio y sacan de su chistera, de manera espontánea y sorprendente, manifestaciones que ocupan los espacios públicos antes que lleguen los que se organizaron con antelación.

En la última manifestación de los utópicos hubo violencia contra los ciudadanos y queda claro que cada vez que se anuncia una manifestación en su contra. La represión es la respuesta. Ojalá que después de lo ocurrido con el show de Bad Bunny aprendan algo de la política de nivel porque estoy cierto que el solo anuncio de una protesta masiva al medio tiempo de la final de fútbol, hubiese sido reprimida de manera brutal como todas las anteriores.

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