A medida que el Mundial de Fútbol 2026 se aproxima, el brillo de la renovación urbana en la Ciudad de México proyecta sombras sobre quienes habitan y trabajan en sus arterias más transitadas. Este miércoles, comerciantes de los pasos a desnivel de la alcaldía Benito Juárez alzaron la voz para denunciar que el proyecto de embellecimiento de la Calzada de Tlalpan amenaza con borrar décadas de esfuerzo familiar. Lo que para las autoridades es una «remodelación necesaria», para decenas de trabajadores informales es el fin de su único sustento.
Los pasos a desnivel, esos estrechos corredores subterráneos que conectan los dos lados de avenidas colosales, han sido por más de 40 años el refugio de negocios locales: desde relojerías y florerías hasta puestos de dulces. Ahora, bajo la premisa de renovar diez de estos cruces para recibir a los visitantes internacionales, los comerciantes enfrentan la amenaza de un desalojo inminente.
Voces desde el subterráneo
Para locatarios como Juana Guerra y José Luis Guerra, quienes han mantenido a sus familias por más de tres décadas vendiendo dulces o reparando relojes bajo Tlalpan, la reubicación no es una opción viable. «A mi edad, ya nadie nos da trabajo. ¿Dónde volver a poner otro negocio?», se lamenta José Luis, reflejando el sentir de una generación que no cuenta con las fuerzas ni el capital para empezar de cero.
La crítica se dirige directamente hacia la administración federal. Elena Botello, dueña de la Floristería Marisol con 40 años en el lugar, cuestiona la coherencia del lema gubernamental: «La presidenta dijo ‘primero los pobres’, pero ahora vienen primero sobre los pobres a quitarnos lo poco que tenemos». Los comerciantes aseguran que, lejos de ser ellos quienes descuidan los espacios, han sido los custodios de estos túneles que las autoridades ignoraron hasta que el torneo internacional los puso en el radar.
Seguridad y resistencia civil
Curiosamente, la defensa de estos puestos no viene solo de los dueños, sino de los propios peatones. Vecinos y usuarios de la Calzada de Tlalpan defienden la permanencia de los comercios, argumentando que la presencia de los vendedores aporta una «seguridad» vital al transitar por zonas subterráneas que, de otro modo, quedarían desiertas y peligrosas.
Ante la incertidumbre, el movimiento de «resistencia» continúa. Aunque el representante de los locales, Jair Torruco, señaló que ha habido acercamientos con las autoridades para frenar los desalojos, los comerciantes han dejado claro que no darán un paso atrás hasta que exista un compromiso firmado. El conflicto pone de relieve la tensión clásica de los megaproyectos: la lucha entre la imagen cosmopolita que se quiere vender al mundo y la realidad de la economía popular que sostiene a la capital.


