La alcaldía más poblada de la Ciudad de México realizó la edición 183 de su representación de Semana Santa, marcada por su reciente nombramiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La tradicional puesta en escena en los ocho barrios originarios de Iztapalapa alcanzó una relevancia histórica este viernes 3 de abril de 2026, al ser la primera tras el reconocimiento otorgado por la Unesco en diciembre pasado. Miembros del comité organizador y habitantes locales celebraron la distinción internacional como el resultado de años de gestión comunitaria, destacando que la festividad mantiene su vitalidad gracias a la participación de nuevas generaciones. Las calles de la demarcación se transformaron en escenarios bíblicos donde nazarenos y soldados romanos recrearon los pasajes del Nuevo Testamento ante una multitud que, según estimaciones, superó los dos millones de asistentes.
El recorrido por el oriente de la capital mexicana involucró a más de 2 mil participantes que escenificaron episodios clave como la detención, el proceso ante las autoridades de la época y la posterior crucifixión en el Cerro de la Estrella. Los testimonios de los involucrados, algunos con más de una década de participación ininterrumpida, resaltaron que cargar la cruz o participar en la caballería romana representa un acto de fe y reflexión personal que fortalece la identidad del pueblo. Esta manifestación religiosa, que surgió originalmente en 1833 como una manda para pedir el fin de una epidemia de cólera, se ha consolidado como la representación de la Pasión de Cristo más multitudinaria de México y una de las mayores en América Latina.
La organización del evento subrayó el carácter ciudadano de la celebración, la cual se sostiene de manera independiente a las estructuras eclesiásticas o administrativas mediante la colaboración de los vecinos, quienes ofrecen alimentos y apoyo logístico a los procesionantes. El flujo de visitantes retomó los niveles de asistencia registrados antes de la crisis sanitaria, reafirmando la vigencia de esta tradición de 183 años de antigüedad. Las autoridades de la Ciudad de México mantuvieron un operativo de seguridad y servicios médicos durante toda la jornada para salvaguardar la integridad de los feligreses y turistas que se congregaron en la zona.
La ceremonia culminó con la muerte simbólica de Jesucristo en la cima del cerro, cerrando un ciclo anual que ahora cuenta con el respaldo y la protección de los organismos culturales internacionales.


