La era de Marx Arriaga al frente de los materiales educativos de México terminó con una escena cargada de simbolismo. Tras días de resistencia administrativa, el ahora exfuncionario abandonó finalmente las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP). No lo hizo en un vehículo oficial, sino a pie, cargando un cuadro de Carlos Marx bajo el brazo y abordando el transporte público, en un accidentado trayecto que lo llevó de un autobús rumbo a Texcoco hasta los pasillos del Metro en Coyoacán.
Arriaga aceptó su salida solo después de recibir el oficio de destitución formal, un documento que él mismo exigió como “lo mínimo” que merece un trabajador. Ante los medios que lo siguieron en su recorrido, el excoordinador aseguró que no pretende seguir viviendo del presupuesto público. “Yo soy maestro, no vivo de la administración pública”, sentenció, confirmando que rechazó las ofertas del gobierno federal para ocupar otros cargos, optando por regresar a las aulas.
Entre liquidaciones y desmentidos
A pesar de su salida, el conflicto administrativo no ha quedado resuelto del todo. Arriaga admitió que aún desconoce el monto de su liquidación y que analizará con sus abogados si presentará una demanda por la forma en que se procesó su baja. Asimismo, aprovechó el trayecto para negar las acusaciones de irregularidades y los presuntos “moches” documentados en reportajes periodísticos recientes, calificándolos de infundados.
El relevo en la SEP
Mientras Arriaga atendía a la prensa entre transbordos, en la SEP se prepara la llegada de su sucesora, la poeta indígena Nadia López. El relevo marca no solo un cambio de nombres, sino un giro en la política editorial de los libros de texto gratuitos, alejándose de la confrontación ideológica que caracterizó la gestión de Arriaga para priorizar un enfoque de interculturalidad y género. La imagen del exfuncionario alejándose con su cuadro de Marx cierra uno de los capítulos más polémicos en la historia reciente de la educación en México.


