Venezuela celebra carnavales en un clima de distensión y contrastes políticos

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En medio de una de las etapas de mayor incertidumbre política en su historia reciente, miles de venezolanos han decidido poner en pausa la agitación cotidiana para volcarse a las calles, playas y parques en la celebración de los «Carnavales por la Paz 2026». El emblemático Paseo Los Próceres, en Caracas, se convirtió este lunes en el epicentro de la festividad, congregando a familias enteras que, entre disfraces, espuma y música, buscan un respiro tras los acontecimientos de los últimos meses que han reconfigurado el mando del país.

El despliegue de seguridad para estas fechas ha sido masivo. De acuerdo con datos oficiales, el gobierno ha movilizado a más de 228 mil funcionarios, entre militares y policías, lo que representa un incremento cercano al 20% en comparación con el operativo del año anterior. Este robusto dispositivo custodia no solo las zonas recreativas, sino también puntos estratégicos como el complejo militar Fuerte Tiuna, ubicado a pocos metros de las celebraciones en la capital.

El nuevo panorama oficial ante la ausencia de Maduro

La celebración de este año ocurre bajo el liderazgo de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, quien asumió el cargo tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero. A través de sus redes sociales, Rodríguez calificó la jornada como un reflejo de la «unión y hermandad» del pueblo venezolano, destacando la alta afluencia de temporadistas desde las costas de occidente hasta los llanos y los Andes. Para el sector oficial, el ambiente festivo es una señal de normalización y control tras los ataques y el cambio de mando que sacudieron al país a principios de año.

La huelga de hambre: el otro lado de la festividad

Sin embargo, a pocos kilómetros de las carrozas y las tarimas musicales, la realidad política se mantiene latente. Grupos de familiares de presos políticos permanecen apostados a las afueras de diversos centros de detención en Caracas, a la espera de que se cumplan las promesas de excarcelación anunciadas el 8 de enero. La situación más crítica se vive frente a un comando policial capitalino, donde un grupo de mujeres se mantiene encadenado y en huelga de hambre para exigir la libertad de sus parientes, reportándose ya los primeros incidentes de salud entre las manifestantes.

Este contraste marca unos carnavales atípicos, donde la alegría popular en los espacios públicos convive con la resistencia de quienes ven en este periodo de transición una oportunidad para lograr la liberación de sus allegados. Mientras el país se sumerge en el asueto, la expectativa política sigue concentrada en los próximos pasos del gobierno encargado y el destino de los detenidos.

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