Minneapolis, Minnesota – El fiscal general interino de Minnesota, Joseph Thompson, ha revelado nuevos y perturbadores detalles sobre el tiroteo en la escuela católica de La Anunciación. Según las investigaciones, el agresor, Robin Westman, de 23 años, estaba “lleno de odio” y sentía una profunda admiración por otros autores de masacres escolares. Las autoridades están investigando el crimen como un «crimen de odio» contra la comunidad católica y un caso de terrorismo doméstico.
En una conferencia de prensa, el fiscal Thompson se refirió al manifiesto que Westman publicó horas antes del ataque, describiendo el contenido como «horrible y vil». «El atacante quería ver sufrir a los niños», sentenció Thompson. El análisis del documento reveló un odio generalizado, pero también una particular «adoración» hacia otros tiradores masivos, especialmente hacia Adam Lanza, responsable de la masacre en la escuela primaria Sandy Hook. De hecho, se encontró que Westman había escrito la palabra «Lanza» en uno de los cargadores del rifle de asalto que utilizó en el ataque.
Sin antecedentes y con un arsenal letal
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) confirmó que Westman no tenía antecedentes penales ni estaba en ninguna lista de vigilancia. Las autoridades aún investigan si el tirador estaba recibiendo algún tipo de tratamiento de salud mental. Sin embargo, lo que sí está claro es el alto grado de planificación y la intención de infligir el mayor daño posible.
La policía detalló que, en la capilla donde se celebraba la misa, se recuperaron tres casquillos de escopeta, 116 balas de rifle y una bala de pistola. Los investigadores se encuentran analizando computadoras incautadas en tres residencias vinculadas a Westman en busca de más pruebas. Un detalle crucial revelado por la policía es que el atacante no logró entrar al recinto donde estaban los niños porque las puertas fueron bloqueadas intencionalmente por las personas que se encontraban en el lugar, lo que probablemente salvó más vidas.
El ataque dejó un trágico saldo de dos niños muertos, de ocho y diez años, y 17 heridos, entre ellos un niño que se encuentra en estado crítico. La Casa Blanca ha confirmado que el FBI investiga el incidente como un crimen de odio y terrorismo doméstico, subrayando la gravedad de la situación.