Nueva York. La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha provocado una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales. Este domingo, el precio del barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI) superó la barrera de los 100 dólares por primera vez desde 2022, alcanzando picos cercanos a los 110 dólares en los mercados de futuros. Por su parte, el crudo Brent, la referencia internacional, también rebasó los 105 dólares.
Esta volatilidad responde al cierre del Estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica por la que transita el 20% del petróleo mundial. Según datos de Trading Economics, el precio del Brent experimentó un alza del 15% debido a los recortes de producción en Oriente Medio derivados del bloqueo de esta ruta vital por las hostilidades.
La postura de la Casa Blanca
El presidente Donald Trump restó importancia al impacto económico del conflicto. En un mensaje a través de su plataforma Truth Social, calificó el encarecimiento de los combustibles como «un pequeño precio a pagar» para garantizar la «seguridad y la paz» mundial mediante la destrucción de la amenaza nuclear iraní.
A pesar de la retórica del mandatario, las cifras muestran una presión real sobre los consumidores estadounidenses:
- Gasolina: El precio promedio en EE.UU. ha subido un 16% en apenas una semana, situándose en 3.45 dólares por galón.
- Mercados financieros: Wall Street reaccionó con cautela ante la inestabilidad, reportando caídas cercanas al 1.5% en los índices S&P 500, Nasdaq y Dow Jones.
Tensión en la infraestructura energética
A pesar de la intensidad de la guerra, el secretario de Energía, Chris Wright, envió un mensaje de contención al declarar en CNN que Washington no tiene planes de atacar la infraestructura petrolera de Irán. Estas declaraciones buscan desmarcar a Estados Unidos de la reciente ofensiva israelí, la cual se centró específicamente en destruir depósitos de combustible y refinerías dentro del territorio iraní, provocando los actuales racionamientos y la nube tóxica que afecta a Teherán.
La comunidad financiera mantiene una expectativa de alta incertidumbre, ya que cualquier prolongación en el cierre del Estrecho de Ormuz podría disparar los precios del crudo a niveles críticos, afectando la inflación y el crecimiento global a largo plazo.


