El análisis de Daniel Zovatto destaca la brecha entre el discurso diplomático y el apoyo material hacia Cuba bajo las sanciones de EE. UU. Aunque diversos gobiernos condenan el bloqueo, existe una «línea roja» que pocos se atreven a cruzar: el envío de petróleo, la única ayuda que resolvería la crisis sistémica de apagones y falta de divisas en la isla.
Postura de los actores clave
- México y Chile: Mantienen una «zona gris». Condenan el asedio y envían ayuda humanitaria (alimentos y leche en polvo), pero han detenido el flujo de combustible para evitar sanciones de Washington, especialmente ante la renegociación del T-MEC.
- Brasil y Colombia: Muestran cautela operativa. Sus críticas al bloqueo son etéreas y evitan confrontar directamente a EE. UU., limitándose a la retórica sin compromisos energéticos.
- Rusia: Es el apoyo material más directo, pero insuficiente. Aunque envía crudo, enfrenta techos logísticos y altos costos que le impiden aumentar el suministro para sustituir el volumen perdido por la isla.
- China: Ofrece «buenas palabras» tras visitas oficiales, pero sin acciones concretas que indiquen una disposición a desafiar el cerco energético estadounidense.
El apoyo «real» se mide en barriles de petróleo, y actualmente ningún país latinoamericano está dispuesto a pagar el costo político de enviarlos. Mientras la ayuda humanitaria solo mitiga la emergencia, el mecanismo de disuasión de Washington mantiene a Cuba en una vulnerabilidad crítica, centrando la supervivencia del régimen en solidaridades simbólicas que no resuelven el problema de fondo.


