En un mundo cada vez más diverso, la comunidad Therian ha comenzado a ganar visibilidad, desafiando las etiquetas convencionales sobre la identidad. Lejos de ser un simple pasatiempo de disfraces o una moda de internet, la teriantropía se define como la vivencia de personas que se sienten e identifican, de manera parcial o total, como animales no humanos en un nivel espiritual, psicológico o metafísico, aun siendo plenamente conscientes de su realidad física humana.
A diferencia del fenómeno Furry —enfocado principalmente en el roleplay y la creación de personajes antropomórficos—, los Therians experimentan lo que llaman «cambios mentales» e impulsos instintivos. Verónica Rose, integrante de la comunidad desde hace 18 años, explica que mientras el Furry viste como animal, el Therian actúa y siente como uno, encontrando en esta conexión una forma de autodescubrimiento y un respiro ante las presiones del mundo moderno.
La ciencia tras la «disforia de especie»
Aunque históricamente la psiquiatría tradicional catalogó estas vivencias como patologías o delirios, estudios recientes, como el de la Universidad de Northampton, ofrecen una mirada más matizada. Los investigadores proponen que para estas personas, la identidad animal es un rasgo estable y central de su personalidad.
Un aspecto fascinante documentado es la presencia de «miembros fantasma»: la sensación física de poseer garras, colas o mandíbulas afiladas. «Siento como si me las hubieran cortado», relata un joven de 15 años que se identifica como puma, describiendo una experiencia similar a la de personas que han sufrido amputaciones. Este fenómeno, sumado a la sensación de estar en el «cuerpo equivocado», ha llevado a trazar paralelismos con la disforia de género, acuñando el término de transespecismo.
El estigma de la «sombra» y el acoso
A pesar de ser individuos plenamente funcionales en la sociedad, la mayoría de los Therians viven su identidad en secreto por miedo al rechazo. El estudio señala que los problemas de salud mental que algunos presentan, como la depresión, no derivan de su identidad animal, sino del bullying y la represión forzada de su verdadero ser.
«Toda persona es rara a los ojos de alguien que piensa diferente», afirma Rose, quien hace un llamado a la empatía y al combate de la desinformación. Al final, la comunidad Therian busca lo mismo que cualquier otro grupo: respeto, felicidad y un espacio seguro para expresar una identidad que, aunque inusual para muchos, es para ellos una verdad irrenunciable.


