Especialistas analizan la dualidad emocional de estas fechas, la presión de la «felicidad obligada» y la diferencia entre la soledad elegida y la impuesta
CIUDAD DE MÉXICO. — Mientras millones de personas celebran el inicio de 2026 con reuniones y festejos, un sector considerable de la población transita este momento en silencio. Lejos de ser un fenómeno aislado, pasar el Año Nuevo a solas es una experiencia común que la psicología analiza no solo como una circunstancia, sino como una respuesta a la presión social y a los balances personales que el cambio de ciclo impone.
Psicoanalistas y psicólogos coinciden en que el fin de año actúa como un amplificador de emociones, donde la expectativa de alegría choca a menudo con la realidad individual de cada persona.
El peso simbólico del cierre de ciclo
El Año Nuevo no es solo un cambio de calendario; representa un rito de pasaje que mezcla esperanza y nostalgia. Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explica que esta fecha concentra emociones opuestas:
- Dualidad emocional: Se experimenta la estimulación por lo que comienza y la tristeza por lo que termina. «Alegría y tristeza van juntas», señala la experta.
- El Balance interno: El fin de año activa preguntas sobre los logros y las pérdidas, lo que puede hacer que el individuo prefiera el recogimiento antes que la exposición social.
Soledad elegida vs. soledad impuesta
Los especialistas subrayan que es fundamental distinguir el origen del aislamiento para entender su impacto emocional:
- Soledad impuesta: Deriva de circunstancias externas como la distancia geográfica, la pérdida de seres queridos o la falta de redes de apoyo, algo común en adultos mayores. En estos casos, la soledad suele vivirse con malestar o sensación de carencia.
- Soledad elegida: Es una decisión consciente de quienes rechazan el mandato social de la celebración. Para algunas personas, aislarse es un acto de cuidado personal frente a la dificultad de conectar con el júbilo ajeno o el ruido festivo.
La crítica a la «felicidad obligada»
La psicoanalista Alicia Killner advierte sobre la «excitación» y la presión de consumo que rodea a las fiestas. Este fenómeno, descrito como un mandato de felicidad, puede resultar insoportable para quienes no se sienten emocionalmente en sintonía con el festejo.
«¿Quién dictaminó que la fecha merece compañía indeseable?», cuestiona Killner, sugiriendo que cada persona tiene derecho a resolver la angustia de las fiestas a su propia manera, validando el silencio como una opción legítima.
Efectos emocionales y reflexión
Para el profesor Juan Eduardo Tesone, el impacto de pasar esta fecha solo depende de la historia personal. Mientras que para algunos el aislamiento se traduce en soledad afectiva, para otros es un espacio de calma y reflexión necesaria. La clave reside en desmitificar el Año Nuevo como una fecha obligatoriamente festiva y entenderlo como un momento que cada quien habita según su realidad.


