CIUDAD DE MÉXICO.- Una fuerte tensión se gesta en la alianza de gobierno, donde el Partido del Trabajo (PT) ha comenzado a ejercer presión sobre Morena. A pesar de una lealtad de más de 20 años hacia la figura de AMLO, el PT se perfila como el gran perdedor en el reparto de poder de cara al 2027, lo que ha encendido las alarmas dentro de la coalición.
Una lealtad histórica en punto crítico
La relación entre el Partido del Trabajo y Morena, cimentada en más de dos décadas de apoyo incondicional a AMLO, enfrenta uno de sus momentos más complejos. Esta lealtad histórica, que ha sido un pilar en la construcción del actual proyecto político, ahora parece no ser suficiente para garantizar un trato equitativo para el PT, que se siente relegado en las posiciones de poder clave.
Municipios y curules como arma de negociación
Ante la falta de coordinaciones estatales, el PT ha decidido utilizar su capital político local como principal herramienta de presión. El control de municipios y la posesión de curules en los congresos se han convertido en la moneda de cambio que el partido pondrá sobre la mesa en las inminentes negociaciones con Morena. El objetivo es claro: asegurar espacios y relevancia para no quedar marginados en el proyecto rumbo a 2027.
El temor a ser el «gran perdedor»
La percepción dentro del Partido del Trabajo es que, de no actuar con firmeza, podrían convertirse en el «gran perdedor» de la alianza. Esta preocupación es el motor detrás de la nueva postura del partido, que busca revertir un escenario que consideran desfavorable. La estrategia de presionar a Morena busca reequilibrar las fuerzas y asegurar que su contribución a la coalición sea reconocida con posiciones de poder reales.
El futuro de estos aliados históricos está en el aire y dependerá enteramente del resultado de las negociaciones que se llevarán a cabo en los próximos meses. Estos diálogos serán determinantes para definir si la coalición se fortalece o si las diferencias internas provocan una fractura de cara al ciclo político de 2027, marcando un antes y un después en una de las alianzas más duraderas de la política reciente.


