El equipo nacional femenino de fútbol de Irán emprenderá su viaje hacia Omán este lunes, poniendo fin a una estancia de casi una semana en Kuala Lumpur, Malasia, en medio de una profunda controversia política y humanitaria derivada de su participación en la Copa de Asia celebrada en Australia.
La situación del conjunto escaló tras el partido inaugural frente a Corea del Sur el pasado 2 de marzo, cuando las jugadoras evitaron entonar el himno nacional, un gesto que fue calificado como una «traición» por medios oficiales en Irán. Esta acción, sumada al temor por posibles represalias a su regreso, motivó a siete de sus integrantes a solicitar asilo humanitario en territorio australiano. Aunque cinco de ellas finalmente desistieron de la petición, dos jugadoras han decidido permanecer en Australia bajo protección.
El caso captó la atención internacional, provocando que incluso el gobierno de Estados Unidos instara a las autoridades australianas a otorgar asilo a la delegación completa, oferta que fue extendida por el gobierno australiano. Pese a que en los encuentros posteriores las jugadoras sí entonaron el himno antes de ser eliminadas del torneo, la incertidumbre sobre su destino final persiste, especialmente ante el cierre del espacio aéreo iraní debido al conflicto bélico que atraviesa el país persa.
La participación de Irán en esta Copa de Asia, la primera desde 2002, había sido vista inicialmente como un avance por activistas de género, dado el contexto de opresión interna y las severas restricciones impuestas a las mujeres, como el uso obligatorio del velo. El futuro del grupo tras su llegada a Omán sigue siendo incierto, mientras las miradas internacionales permanecen atentas a la seguridad de las integrantes que decidieron regresar bajo la tutela de la delegación oficial.


