En un hecho sin precedentes que confronta al Estado con su pasado más oscuro, colectivos de familias buscadoras, apoyados por autoridades federales, han iniciado una jornada de excavación en el patio de la propia Fiscalía General del Estado de Nayarit. El objetivo es localizar una presunta fosa clandestina que habría sido utilizada entre 2011 y 2017, periodo en el que la institución estuvo bajo el mando del exfiscal Edgar Veytia, actualmente purgando una condena en Estados Unidos por narcotráfico.
La intervención se centra en un punto específico frente al estacionamiento conocido como «Los Pinos». Rosa María Jara Montes, líder del colectivo Por Nuestros Corazones, señaló que esta búsqueda es una demanda pendiente desde 2018. Los trabajos, que se prevé duren varias semanas, incluyen el uso de georradares, pozos de sondeo y binomios caninos especializados para inspeccionar minuciosamente el terreno dividido en retículas de 10 por 10 metros.
El recinto de justicia como centro de tortura
El trasfondo de esta búsqueda es estremecedor. Jara Montes sostiene, basada en testimonios y juicios relacionados con la desaparición de su hijo Nicanor Alejandro en 2017, que las instalaciones de la Fiscalía no solo sirvieron como oficinas administrativas, sino como un centro de retención y tortura. Según las investigaciones, varias víctimas de las desapariciones masivas de junio de ese año habrían perdido la vida dentro de este recinto antes de que sus cuerpos fueran trasladados a fosas en municipios aledaños como Xalisco.
Un reclamo de justicia de largo aliento
La jornada de búsqueda cuenta con la participación de la Comisión Nacional de Búsqueda y organismos de derechos humanos, quienes supervisan las maniobras ante la mirada de familias que han esperado casi una década para entrar a este sitio. «Yo supe que a mi hijo y a otros niños los tuvieron aquí, fueron torturados y perdieron la vida dentro de la golpiza que les dieron», afirmó Jara Montes, subrayando que este operativo busca confirmar si otros cuerpos quedaron sepultados bajo el suelo que, irónicamente, debía garantizar la justicia en Nayarit.


