Vínculos biológicos entre una rana andina y el caso Navalni desatan tensión diplomática

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El debate internacional sobre la muerte del opositor ruso Alexéi Navalni ha dado un giro inesperado hacia la biodiversidad de Sudamérica. Diversos gobiernos europeos, encabezados por el Reino Unido, Alemania y Francia, han denunciado que el deceso del activista en 2024 no fue por causas naturales, sino producto de un envenenamiento con epibatidina. Se trata de una potente toxina extraída originalmente de la piel de la rana Epipedobates anthonyi, una especie de apenas dos centímetros que habita exclusivamente en el suroeste de Ecuador y el norte de Perú.

A pesar de que el Kremlin sostiene que Navalni falleció por complicaciones de salud en prisión, los análisis forenses presentados por laboratorios europeos concluyeron de forma determinante la presencia de esta sustancia en el cuerpo del opositor. Santiago Ron, doctor en biología evolutiva de la Academia Mundial de Ciencias, explicó que, aunque estas ranas son conocidas por sus colores brillantes que advierten peligro, en realidad no producen el veneno por sí mismas, sino que lo obtienen de una dieta basada en ácaros y hormigas. El experto aclaró que la cantidad de toxina en un solo ejemplar es insuficiente para matar a un humano, por lo que se estima que el compuesto utilizado habría sido sintetizado de manera artificial en un laboratorio especializado.

La controversia escaló este fin de semana con las declaraciones de la ministra británica de Exteriores, Yvette Cooper, quien señaló directamente al gobierno ruso como el único con los medios y la oportunidad para emplear un agente químico de tal sofisticación. Mientras que para el ser humano el contacto accidental con la rana es prácticamente inofensivo, la epibatidina purificada ataca severamente el sistema nervioso. Esta nueva evidencia científica respalda las denuncias realizadas previamente por la viuda del opositor, Yulia Naválnaya, y coloca nuevamente al Kremlin bajo el escrutinio global por el presunto uso de toxinas biológicas para silenciar voces disidentes.

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