Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y Países Bajos revelaron que el líder opositor ruso no falleció por causas naturales, sino por la exposición a una toxina letal extraída de ranas dardo sudamericanas. Las muestras analizadas confirmaron de forma concluyente la presencia de epibatidina, una sustancia 200 veces más potente que la morfina, lo que contradice la versión oficial del Kremlin sobre su muerte en una prisión de Siberia.
El comunicado conjunto señala que el Estado ruso es el único que contaba con los medios, el motivo y la oportunidad para administrar este veneno durante el encarcelamiento del disidente. Este hallazgo ha sido notificado formalmente a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas como una violación directa a las convenciones internacionales, comparando el caso con ataques previos realizados por Rusia mediante agentes nerviosos como el Novichok.
Yulia Navalnaya, viuda del opositor, participó en el anuncio durante la Conferencia de Seguridad en Múnich, donde se denunció el complot para silenciar la voz de su esposo. Ante estas pruebas, los gobiernos europeos advirtieron que utilizarán todos los instrumentos políticos necesarios para exigir responsabilidades a Rusia por el uso de armas biológicas y químicas contra figuras políticas.


