BRUSELAS, BÉLGICA – En un esfuerzo por blindar la reputación de la corona, la Casa Real de Bélgica emitió un comunicado oficial este sábado 7 de febrero de 2026 para negar categóricamente cualquier relación entre la reina emérita Paola y el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. La aclaración surge tras la reciente desclasificación de documentos que mencionan un supuesto saludo de la monarca hacia el magnate estadounidense en 2011.
La controversia se originó por un correo electrónico fechado el 27 de enero de 2011, enviado por el físico Lawrence Kraus a Epstein. En el mensaje, Kraus afirmaba que «la reina de Bélgica le enviaba saludos» desde el Foro Económico Mundial de Davos. Sin embargo, la institución monárquica ha presentado pruebas para invalidar esta versión, señalando un error de identidad o una falsedad en el mensaje original.
Los argumentos del Palacio Real
La defensa de la reina Paola, quien fue consorte entre 1993 y 2013, se basa en los registros oficiales de la agenda real:
- Ausencia confirmada: La Casa Real precisó que la reina Paola no asistió a Davos en 2011. En su lugar, la delegación belga estuvo integrada por los entonces príncipes herederos, Felipe y Matilde (actuales reyes).
- Desconocimiento total: El comunicado subraya que la reina emérita nunca conoció a Epstein ni tuvo contacto alguno con Lawrence Kraus, de quien asegura no tener recuerdo alguno.
- El factor Lorenzo: El príncipe Lorenzo de Bélgica, hijo de Paola, admitió haber coincidido con Epstein en dos ocasiones privadas, pero aclaró que rechazó tajantemente los intentos del financiero por acercarse a sus padres: «Le respondí que mis padres no estaban en venta ni para ser exhibidos», declaró el príncipe a medios locales.
Contexto de las filtraciones
La aparición del nombre de miembros de la familia real belga en la agenda de Epstein ha generado un intenso escrutinio en el país. Aunque el príncipe Lorenzo ha sido transparente sobre los intentos de contacto del magnate, la Casa Real busca evitar que la figura de la reina emérita se vea salpicada por la red de influencias que Epstein tejió durante décadas con figuras de la alta sociedad y la política internacional.
Con este desmentido, Bruselas busca cerrar un capítulo incómodo que amenaza con alimentar teorías de conspiración sobre el alcance del «Libro Negro» de Epstein en las monarquías europeas. Al documentar que la reina Paola ni siquiera se encontraba en el lugar donde supuestamente se originó el saludo, el Palacio busca zanjar las especulaciones antes de que afecten la estabilidad institucional de los actuales reyes, Felipe y Matilde, quienes mantienen una agenda de transparencia frente a los escándalos del pasado.


