PEKÍN / WASHINGTON – En una llamada telefónica de alta tensión, el presidente de China, Xi Jinping, marcó una postura inamovible frente a su homólogo estadounidense, Donald Trump, al definir la cuestión de Taiwán como el asunto más delicado en la relación bilateral. Xi instó a Trump a manejar con «máxima prudencia» la venta de armamento a la isla, calificándola como la «primera línea roja» que Washington no debe cruzar si desea mantener la estabilidad entre ambas potencias.
La conversación, descrita como «excelente» por Trump y «positiva» por la cancillería china, ocurre en un momento crítico tras la aprobación de nuevos paquetes de defensa por parte del Pentágono. Mientras Xi reiteraba que China nunca permitirá la separación de Taiwán, el presidente taiwanés, William Lai, respondió desde Taipéi asegurando que la alianza con Estados Unidos es «sólida como una roca» y que la isla no forma parte del territorio chino, desafiando la narrativa de Pekín.
Acuerdos comerciales como alivio a la tensión
A pesar de las fricciones geopolíticas, ambos líderes utilizaron el comercio como una válvula de escape para la distensión:
- Energía y Agricultura: Trump anunció que China planea aumentar la compra de petróleo, gas y motores de avión estadounidenses.
- Soya: Pekín analiza elevar la cuota de compra de soya de 12 a 20 millones de toneladas para esta temporada, cumpliendo con los acuerdos firmados en octubre pasado.
- Visita oficial: Se confirmó que Trump realizará un viaje oficial a China en abril de 2026, lo que sugiere un intento de ambas partes por negociar directamente antes de una posible escalada arancelaria.
En un movimiento estratégico paralelo, Xi mantuvo una videoconferencia con Vladímir Putin tras hablar con Trump, abordando la expiración del tratado de desarme nuclear START III, lo que subraya la complejidad del ajedrez diplomático que China está jugando simultáneamente con Washington y Moscú a inicios de este año.


