María Corina Machado busca su lugar en la «Nueva Venezuela» desde Washington

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WASHINGTON D.C. – En una jornada marcada por intensos cabildeos en el Capitolio, la líder opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ha dejado clara su prioridad tras la caída de Nicolás Maduro: “Yo lo que quiero es regresar a Venezuela”. Desde el corazón político de Estados Unidos, Machado busca capitalizar el momento histórico que vive su país, mientras navega por una transición tutelada por Washington que, de momento, parece favorecer un esquema distinto al que ella representa.

Alianzas en el Capitolio y la visión regional

Machado sostuvo encuentros clave con figuras influyentes como los congresistas cubano-estadounidenses Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, además de reunirse con el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes. En sus declaraciones, la líder proyectó una visión que trasciende las fronteras venezolanas: “Una vez que liberemos Venezuela, seguiremos trabajando por una Cuba y una Nicaragua libres”. Para Machado, la salida de Maduro —lograda tras la intervención de EE. UU. a inicios de enero— es solo el primer paso de un efecto dominó democrático en la región.

La danza diplomática con Donald Trump

A pesar de haber mantenido una reunión privada con el presidente Donald Trump hace apenas unos días, Machado ha guardado un silencio estratégico sobre los detalles de dicha conversación. Fuentes cercanas al Congreso sugieren que la activista se muestra cautelosa ante la «tutela» que la Casa Blanca ejerce sobre la transición venezolana. Mientras Trump ha elogiado públicamente a Delcy Rodríguez (designada interina bajo supervisión estadounidense), Machado ha tenido que equilibrar su agradecimiento por la «visión y coraje» del mandatario con la realidad de que Washington no la eligió inicialmente para pilotar el cambio.

¿Un nuevo rol en el horizonte?

Sin embargo, las piezas del tablero parecen moverse. El propio Trump, en rueda de prensa con motivo de su primer aniversario de retorno al poder, insinuó un cambio de tono respecto a la líder opositora: “Tal vez podamos involucrarla de alguna manera”, afirmó el republicano. Esta apertura ocurre mientras congresistas demócratas, como Gregory Meeks, advierten que los plazos de Machado para una democracia plena difieren de la agenda de «estabilidad y petróleo» que parece priorizar la Casa Blanca.

Para María Corina Machado, el desafío es doble: mantener la legitimidad interna en una Venezuela que aún busca su cauce y convencer a una administración estadounidense pragmática de que su regreso es esencial para una transición que no solo sea ordenada, sino verdaderamente libre.

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