ADAMUZ, ESPAÑA. – Lo que comenzó como un trayecto habitual de domingo se transformó en una de las jornadas más negras para el sistema ferroviario español. En el término municipal de Adamuz, Córdoba, el destino de dos convoyes de alta velocidad se cruzó de forma trágica cuando un tren de la operadora Iryo, que viajaba hacia Madrid, descarriló e invadió la vía contraria, impactando frontalmente contra un tren Alvia de Renfe que cubría la ruta Madrid-Huelva. El balance provisional es desolador: al menos 10 personas han perdido la vida y unas 25 se encuentran heridas de gravedad, mientras los servicios de emergencia luchan contra el reloj para rescatar a quienes permanecen atrapados entre los hierros.
El impacto fue descrito por las autoridades como «terrible». Según los primeros informes, los últimos vagones del tren Iryo descarrilaron apenas una hora después de haber salido de Málaga; al invadir la vía contigua, el tren de Renfe no pudo evitar la colisión, provocando que sus dos primeras unidades salieran despedidas con una violencia inusitada. El ministro de Transportes, Óscar Puente, quien sigue el operativo desde el Centro de Gestión de Adif en Madrid, calificó la información que llega desde la zona del siniestro como «muy grave», subrayando que la prioridad absoluta en estas horas críticas es el auxilio de las víctimas y el apoyo a las familias afectadas.
Grave colisión entre dos trenes en Adamuz (Córdoba) 🇪🇸
— Sergi (@SergiSimulacion) January 18, 2026
Ambos trenes han acabado descarrilando 🚄💥🚄
Las imágenes hablan por sí solas… mucha fuerza a todos los afectados 😰🙏🏻 pic.twitter.com/r7w2WlVSRF
En medio del caos, las historias de supervivencia comienzan a emerger de entre los escombros. Salvador Jiménez, un periodista de Radio Nacional de España que viajaba en el primer vagón del tren Iryo, relató cómo el impacto se sintió como «un terremoto» que sacudió cada rincón del convoy. El pánico inicial dio paso a una solidaridad inmediata: ante la angustia de los gritos, la tripulación utilizó martillos para romper las ventanas y permitir la evacuación, mientras por megafonía se solicitaba desesperadamente la ayuda de cualquier personal sanitario a bordo para atender a los heridos en los vagones volcados.
Mientras los heridos son trasladados a centros hospitalarios cercanos y el apeadero de Adamuz se convierte en un centro de mando improvisado, España entera contiene el aliento. Esta tragedia no solo enluta a las familias de los fallecidos, sino que abre una profunda interrogante sobre la seguridad en las vías de alta velocidad. Los esfuerzos de rescate continúan bajo el peso de una incertidumbre dolorosa, mientras la nación espera respuestas técnicas que expliquen cómo dos trenes modernos, en una de las redes más avanzadas del mundo, terminaron protagonizando un escenario de devastación que hoy enluta a Málaga, Madrid y Huelva.


