Brecha de Guerrero: Por qué el sismo de 6.5 no reduce el riesgo de un «Gran Terremoto»

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CIUDAD DE MÉXICO. – El sismo de magnitud 6.5 que sacudió a Guerrero y al Valle de México este viernes 2 de enero de 2026 ha reencendido las alarmas en la comunidad científica. Más allá del susto y los daños menores, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) y especialistas en geofísica advierten que este movimiento no fue suficiente para liberar la energía acumulada en la denominada Brecha de Guerrero, un segmento que mantiene al país en una tensa espera desde hace más de un siglo.

Un siglo de energía acumulada

La Brecha de Guerrero es un tramo de la costa del Pacífico, ubicado entre Acapulco y Petatlán, que se caracteriza por una anomalía preocupante: es el único segmento donde no ha ocurrido un sismo de gran magnitud (superior a 7.5) desde finales del siglo XIX y principios del XX.

Mientras que otras zonas de la costa mexicana liberan energía periódicamente, este tramo ha «guardado» la fuerza del choque entre la Placa de Cocos y la Placa Norteamericana por más de 110 años. Según los expertos, esta acumulación progresiva de energía tectónica es una bomba de tiempo que eventualmente tendrá que liberarse.

El sismo del 2 de enero: Un evento periférico

Aunque el temblor de esta mañana fue fuerte, el SSN explicó que su epicentro se localizó en uno de los extremos de la brecha, cerca de San Marcos. Al ocurrir en la periferia y no en el centro del segmento silente, la energía acumulada en la zona de mayor riesgo permanece intacta.

«Este evento no disminuye la probabilidad de un sismo mayor. Al contrario, nos recuerda que la zona está activa y que el tiempo transcurrido sin un gran terremoto en la brecha solo incrementa la magnitud potencial del próximo evento», señalan los especialistas.

La vulnerabilidad de la Ciudad de México

La preocupación no es exclusiva de Guerrero. Esta brecha es la zona de subducción más cercana a la Ciudad de México. Debido a la composición del suelo en la capital y la corta distancia (aproximadamente 300 km), las ondas sísmicas de un terremoto en este punto llegarían con una potencia devastadora, similar o superior a lo visto en eventos históricos como el de 1957 o 1985.

Con más de 800 réplicas registradas hasta el mediodía de este viernes, el comportamiento sísmico se mantiene dentro de los parámetros normales tras un evento de 6.5, pero la mirada de los científicos sigue puesta en el «silencio» del segmento central de la costa guerrerense.

Prevención, no predicción

El SSN fue enfático en recordar que, a pesar de los avances tecnológicos, es imposible predecir la fecha o magnitud exacta de un sismo. La ciencia solo puede identificar las zonas de mayor riesgo por acumulación de energía. Por ello, el llamado de las autoridades tras este 2 de enero no es al pánico, sino a fortalecer la cultura de prevención y la resiliencia en las construcciones, ante un sismo que, tarde o temprano, ocurrirá en la región.

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